jueves, 22 de octubre de 2009

Otra Perspectiva

Quiero que me escuches.

Siempre idealicé al amor, soñé con tener una compañera de toda la vida, un amor como esos que me gustaba ver en las películas, donde los protagonistas se conocen desde la infancia y son compañeros de juego.

Pensé que mi compañera de juegos podría ser una güerita, de rizados cabellos de oro, de ojos grises o verdes, de esas que siempre son mostradas como el ideal de la belleza, como muñequitas de porcelana. La verdad es que pensé que algo así me encontraría. Creo que pude haberlo logrado, pero siempre fui un cliente recurrente del miedo, no ese terror o pánico –o tal vez si – era una angustia por el “que dirán”, miedo al dolor, miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo al sufrimiento, miedo a mi mismo, miedo a sentir…

Me gusta ver como dentro de las películas la relación entre los protagonistas se va desarrollando y los que antes eran los felices compañeros de juego pasan a ser inmaduros confidentes adolescentes.
Algo de lo que más llama mi atención es el roll que juega el personaje femenino, su desenvolvimiento y evolución. Pasa de ser la tierna niña ingenua a ser la personificación de una sensibilidad ingenua y consciente.

Siendo un pobre puberto, encontré pocas personas que llamaran mi atención o que reunieran las características que me atraían. Eran muy pocas pero las había, y estas pocas personas –yo no se por que – sentían cierta afinidad conmigo, y fui yo, yo y solo yo quien alejó a estas personas, a veces con un rechazo directo, otras tantas con mis actos, pero mis acciones siempre tenían un objetivo fijo, concreto y único, y era el “No fracasar”. Pudiera sonar absurdo pero es cierto.
Un día mirando desde mi escondite a las personas me di cuenta de que el amor lleva consigo una poderosa maldición, consiste en que el enamorado o ser que ama sufrirá, llorará, se sentirá miserable y pensará que todos los males del mundo son por su culpa. A partir de ese día pensé un plan, un plan prodigioso único e infalible.

La consumación del amor se representa en la pantalla con la boda entre los seres que se aman, (aunque hay personas que se casan y no se aman) quizá sea lo único que no me termina de gustar de las películas cursis y romanticonas.

Necesito alejarme de esta ventana que es el más cruel reflejo de mi persona y soledad, es aterrador escuchar su chirriar al abrirla, su madera podrida y sus vidrios opacos donde apenas alcanzo a ver mi reflejo, una silueta encorvada, cabellos de plata y un semblante agrietado por el tiempo es lo único que se puede ver. Pero la madera al igual que mi persona están podridos.

El amor maduro es aquel en el que las personas han trascendido el amor físico o carnal. Los protagonistas han aprendido que el amor necesita respeto, confianza y espacio propio, pero lo que es fundamental es el amor propio. Personajes autosuficientes, fuertes y que en los casos en donde ya hay hijos son guías que direccionan perfectamente las acciones de sus vástagos. Es aquí donde el amor de pareja forma parte del amor de familia.

No he sufrido un desamor, no he lamentado una negativa, no he llorado un engaño, no he reído a carcajadas con una pareja, no he regalado flores. Pero estoy venciendo.

Los ancianos provocan en mi, mucha ternura, puedo pasar horas contemplando parejas de viejecitos, por que ellos son los vestigios de una civilización perdida, son sobrevivientes de innumerables batallas y compañeros complementarios.
Cuando él muera ella lo seguirá casi inmediatamente, superando así las palabras que escucharon juntos en el altar. “Hasta que la muerte los separe” les dijeron, pero seguro estoy que esta pareja de octogenarios irán más allá tomados de la mano, hombro con hombro caminando en lo que llamamos más allá.

Te estarás preguntando si estoy loco, si soy bipolar o tengo alguna enfermedad de tipo mental por pasar muchas veces de una conmiseración y tristeza devastadoras a una felicidad y sentimiento de superioridad.
Soy el resultado de tu sociedad de su errada ideología y podrás decirme todo lo que quieras pero no he sufrido. O ¿tu que piensas?